Eran cuatro socios los que inauguraron el Sidecar Factory Club en 1982, en la Plaça Reial. De los originales queda Robert Tierz, un scorpión tenaz que lanza un ojo hacia atrás y otro al futuro.   Ahora que acaban de celebrar 5000 conciertos nos ponemos en una capsula del tiempo, con su co-piloto Wookie (“hay demasiados Xavis en mi generación y el apodo se pegó”).  Motores listos… y…

 

Si no lo encuentras, créalo

 

Empezamos porque no encontramos un local que nos gustase en Barcelona. Teníamos 23 años, mis amigos 22, y no encontramos nuestro sitio. Y una noche que bebimos más de la cuenta decimos “abrimos este bar!”

 

Como era el mundo de la noche en Barcelona en esta época, al inicio de los 80?

 

No había tanta gente en la calle, la gente no  salía tanto. Estaba muy poca música en vivo, la mayoría de las giras internacionales no llegaban aquí. La primera vez que vi a David Bowie me tuve que ir a la Costa Azul. Estaba una sensación de cambio, de que todo era posible. El sector más joven se sentía un poco desconectado de la generación anterior. Abrimos nosotros… estaba Celeste, que era más próximo al jazz, y La Onda Laietana que pasó a programar grupos de la onda de Madrid. Nosotros fuimos diferentes porque pusimos una música que no se escuchaba en la radio – la New Wave inglesa, punk.

 

El primer grupo a tocar en la sala eran Districto 5, un grupo ya desaparecido, pero de allí salieron otros grupos de referencia.

 

Punk, Warhol y Plaça Reial

 

Nosotros reverenciamos The Clash, Elvis Costello… era un tipo de música que solo se  podía escuchar aquí.  Nuestro público tenía la misma edad de nosotros, que daba una sensación de conexión. Gente que estaba suelta  y pérdida han encontrado un  sitio para sus gustos. También para nuestras inquietudes personales, empezamos a hacer exposiciones de comics, ilustración, proyectamos cortos… todo lo que nos hubiera gustado encontrado lo vamos metiendo aquí.

 

El nombre “Sidecar” fue elegido por votación, es nombre de un comic de los 70, un coctel…  Quería darle “Lola, un nombre bombonera… y con un toque de picardía.”

 

Pero porque Factory Club? Que estabais fabricando?

 

Musicalmente éramos muy variados, entre la movida New Age y grupos españoles. Nos gustaba Aretha Franklyn, soul, pop muy duro… era una mezcla. A nivel de actividades hicimos  exposiciones, proyecciones, charlas sobre gastronomía, y nos costaba mucho que la gente entendiera que éramos.  Nos inspiramos en la Factory en Nueva York de Warhol, donde hacían de todo, y para definir el indefinible nos pusimos eso.

 

Es lo que sospechaba…

 

El mundo en un grano

 

Hay algun concierto o evento dentro de los 5000 que ahora estáis celebrando que dices ‘esta noche realmente ha representado el alma del Sidecar’?

 

Para mí, como hay tantas corrientes tan distintas diría que es imposible decir que hay un corriente que lo simboliza. De los 4 o 5 conciertos que me recuerdo de toda la vida creo que hay 3 que no llegamos a llenar con 75 entradas. Pero para lo que fuera, quizás estaba más sensible estas noches, me entraron y he vibrado en manera especial. Conciertos pequeños, grupos que no han trascendido… Uno era Velcro, que hacían pop electrónico al estilo de New Order pero con muchas guitarras. Otro era The National cuando sacaron el tercer disco. Vinieron 60 personas, era brutal! Y el otro año tocaron en Primavera Sound en frente a 80,000 personas. Esto no está pasando en ningún otro lugar en Barcelona, el aforo permite coger a grupos cuando aun no son dinosaurios.

 

Cuando hacéis la programación de conciertos y eventos, evaluáis el equilibrio entre los aspectos artísticos y comerciales, es decir los que tienen mas probabilidad de llenar la sala…?

 

La verdad es que no somos muy listos en este aspecto. Me preguntaron los colegas un día, ‘que criterio tendremos que aplicar?” y dije “que no tengas vergüenza. Que sales a la calle orgulloso de lo que has hecho.

 

Vas con la intuición entonces?

 

Si. Las veces que hemos pensado que un grupo llenaría un local casi siempre nos equivocamos, así eso lo dejamos a un lado. Si sabes que alguien no va traer gente claro que no lo pones, cosa que nos ha pasado alguna vez.

 

Una vez no ha venido nadie, y tuvimos que echar el tío… Le dijimos, si hubiera venido al menos tu mujer sería una persona y el concierto se podría hacer.

 

 

Mas sol y menos salas?

Tenemos un hándicap que es el clima, que es fantástico. Esto hace que no tenemos la cultura que tienen los ingleses, holandeses o suecos a escuchar la música en vivo, porque aquí estamos en las terracitas todo el año. En Estocolmo a partir de septiembre ya te encierras en un local y que haces?

 

Y en Inglaterra llueve todo el año…

 

Hubo un momento que pensaba que sería bien que la gente salía a los conciertos sin saber quien eran los grupos. Que es la barrera que te impide salir a ver un concierto cada noche? Que hay una entrada. Entonces llegue un acuerdo con algunos músicos, que les pagaría un pequeño sueldo y la entrada sería gratuita.

 

Que buen experimento! Pero no funcionó, verdad?

 

Exacto. No venia nadie. Y me di cuenta que no hay esta curiosidad de decir, no sé quien son pero me gusta el nombre, o hacen rock. Si no les conoces por algo, son amigos de alguien, han sonado en la radio, la gente no se mueve.

 

Si algo es gratis crees que la gente  piensa que no vale nada? Que estamos tan condicionados a hacer equivaler precio con valor?

 

No, es más que la gente no quiere música en directo  si  no conocen el grupo. En Inglaterra un pub necesita tener una programación durante el largo invierno,  y hay muchos grupos que la gente no saben quién son.  Aquí no, estamos de terrazas. El bar  tradicional catalán es pequeño con una terraza enorme. No  te metes dentro del sitio.

 

Te cuento un detalle curioso,  que para los últimos  quince minutos del concierto empiezamos a vender la entrada para la discoteca después, y decimos a la gente que pueden entrar y ver la última parte del concierto. El 85% de la gente dicen que no, se esperan el bar. A lo mejor es un grupo que le podría gustar.

La batalla de la noche

 

Cual son los desafíos más grandes que hay ahora para los locales de noche, salas de conciertos, discotecas?

 

Siempre depende del aforo. Para hacer un concierto en Sidecar, los costes son muy parecidos a hacerlo en Razzmatazz, porque hace falta un técnico, alguien  que está en la taquilla, seguridad… En Razzmatazz o Apolo a veces hay solo un camarero en la barra, y el concierto es para mil personas. En cambio aquí,  si nos va muy bien ganamos un poquito. Si nos va mal perdemos mucho. Creo que dentro de la cadena de locales por las que hay que pasar por triunfar mucho es necesario que haya locales de esta medida, donde los grupos pueden crecer,  entonces creo que deberían ayudar a estos locales.  Una manera seria poner un iva razonable. Tenemos el iva cultural más alto de europa  – porque?! A que se debe este castigo? Además se ha demostrado que se recauda menos, porque se hacen menos conciertos. No ha funcionado en ningún sentido, solo ha sido represivo. Castigar todo un  sector no está muy afín con el partido que está en el gobierno. Convertir la música en directo como un lujo no tiene ninguna explicación.

 

El tema de licencias siempre ha sido complicado, ahora quizás más. Lo que te exigen a nivel técnico como sala de conciertos es mucho mas, aun  que el riesgo no es más grande. Creo que hay una clasificación por el tipo de actividad de hacer que  les resulta extraño, moralmente reprobable, lo relacionan con la noche, las drogas y el alcohol… parece que estamos en los 50… Ya no sé si tiene mucho sentido que se castigue la música popular en esta manera, cuando una música para una elite como en el Liceu sea absolutamente subvencionada, justamente cuando son señores que tienen dinero para pagar una buena entrada. En cambio, la música popular del pueblo está penalizada con impuestos, dificultades en licencias…

 

 

Culpamos a la borrachera? 

 

Es cierto que hay la percepción que el mundo de noche está relacionado con la droga y el alcohol. Habéis notado un aumento de consumo de birras al bar y gente colocada en la discoteca desde cuando empezasteis al inicio de los 80?

 

No. Quizás tenemos un público muy concreto, pero aquí nunca se han sido restricciones como en Inglaterra. Siempre se mitifica el pasado, pero veo que es  muy parecido. La mayor parte de la gente se  toma dos o tres cañas y se lo pasan bien. Que hay quien se pase, siempre, pero también en un bar al mediodía hay quien se toma tres carajillos…

 

Eso es de cualquier bar… así las nuevas generaciones no van peor?

 

No, la gente se  emborracha igual, pero  la crisis ha afectado mucho. Hemos pasado de vender más cócteles a cerveza.

 

 

Turismo y nuevas tendencias

 

Por vuestra ubicación en plena Plaça Reial, el local se llena de turistas?

 

Nuestro público sigue siendo más de Barcelona. Es claro que el centro es más transitado por los turistas, pero por el tipo de música que programamos es muy dirigido a los gustos de aquí. Seguimos con el mismo concepto de siempre –que  ponemos la música que  nos gusta escuchar.  Dentro del barrio quedamos pocos locales donde hay gente de aquí…

 

Cual son los otros?

 

Marula, que es nuevo… Antes cuando salimos para comer estaban 20 sitios donde se podía comer, ahora quedan 5 o 6… porque los demás son de paella congelada.

 

Como veis el futuro cultural de Barcelona?

 

A mí me gusta. En el siglo 21, que la gente tiene más facilidad para desplazarse, hay una  mezcla de culturas y razas. Un barrio que me gusta y donde viviría si tuviera 25 años sería el Raval. En esta puerta hay un tío haciendo esculturas con hierros, aquí hay un pakistaní oyendo una música suya, y allí hay uno de los últimos videoclubs que quedan. Me parece que esta mezcla es fantástica. También hay muchos europeos que viven aquí. De todo esto saldrá lo que es la nueva Barcelona. Una ciudad aislada se va muriendo.

 

Alguna observación sobre las nuevas tendencias del consumo musical?

 

Antes seguimos la música por el formato del álbum y te tirabas una hora escuchando cada uno. Hoy no. Los gustos de los chavales son más eclécticos, viven en un mix tape constante. Van a Spotify y siguen  la lista de un tío que han encontrado por Instagram, sin saber lo que es y probablemente sin repetirlo. En mis tiempos, si Joe Strummer tiraba un peto yo lo grababa y me quedaba todo el día escuchándolo.  La  manera de consumir la música va cambiando, y también ahora la gente lo va grabando todo, mirando medio concierto a través de la pantalla del móvil…

 

Que os parece esta obsesión de grabar los conciertos?

 

Hace poco tocaron Sidonie, Yo estaba el final de la sala y no veía el concierto por todos  los moviles en el aire, he acabado viéndolo por una de estas pantallas! Yo no sé si luego todos vuelven a casa y empiezan a mirar todo lo que se han perdido porque estaban grabando.

 

Supongo que lo cuelgan en las redes así sus amigos pueden ver donde han sido, y pueden añadir su me gusta, sin mirarlo tampoco…

 

Qué novedades estáis planteando para el año que viene?

 

Volvemos a hacer más exposiciones. De los 5000 conciertos hemos ido conservando los posters, que son muy artísticos en muchos casos. Tenemos una exposición en el local, y a través de la red puedes verlos todos. Si alguno te gusta particularmente te lo puedes descargar… Hay mucha gente que han hecho muy buenas fotos en el local. Hemos elegido a unos fotógrafos y estaremos hasta semana senta con una serie de exposiciones fotográficos. Seguir programar los mejor grupos que podamos, y pasarlo bien, eso es! Mantenemos este espíritu un poco amateur de divertirnos en el trabajo al Sidecar Factory Club

 

 

matrix barcelona

“You can’t download a live musical experience”